Nueva biblioteca en Philadelphia devolverá las ganas de estudiar
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Nueva biblioteca en Philadelphia devolverá las ganas de estudiar

Un espacio dedicado a los estudiantes que aúna belleza, innovación y lo mejor de la arquitectura.

La Universidad de Temple en Philadelphia se ha hecho un lavado de imagen. Estudiar nunca será lo mismo gracias a Snøhetta, el equipo que ha diseñado la nueva Biblioteca Charles. Situada en el corazón del campus principal de Temple, este nuevo espacio hará que levantes la vista más de una vez para deleitarte con la innovación personificada. El estudio pretende reinventar lo que fue la biblioteca tradicional, Paley, de los años sesenta.

Antes de entrar, el entorno ya se proclama como zona de estudiantes, con grandes áreas verdes en las que se dan clases al aire libre y a menudo se ven numerosos grupos de amigos reunidos (es lo que estás pensando… ¡como en las películas!). Cuando te dispones a pasar, te encuentras con unas arqueadas entradas que parecen decir: “Ven…”.

Al contrario de lo que muchos pueden pensar, el hecho de ser un edificio innovador no hace que rompa con la estética de su entorno. ¿Cómo? La clave está en el minimalismo de la construcción. Si no hay excesos, no desentona. Las paredes exteriores están hechas de un granito grisáceo, claro y oscuro, y los arcos de las entradas son de madera tallada en piedra. Todo ello aparece coronado por imponentes cristaleras que recorren todo el espacio y dan una sensación de inmensa amplitud. Sobrio, sin artificios.

Esta dinámica arqueada se convierte también en la protagonista en el interior, especialmente en la sala principal, en la que acaban formando una cúpula de tres picos, pero asimétrica. La originalidad es una de los platos fuertes en esta biblioteca. Al girar la cabeza hacia arriba, verás una abertura por la que la luz viaja desde el piso superior hasta el vestíbulo.

Cuando llegas a la cuarta planta, un pedazo de naturaleza parece estar esperándote. A través de la cristalera, se puede ver un jardín a modo de prado, salpicado con pequeñas flores, y que forma uno de los retiros más enriquecedores de la biblioteca. Sobre esta sala y cubriendo más del 70% del edificio, nos tapa un techo verde considerado uno de los más grandes de Pensilvania.

REGRESO AL FUTURO

Mucho diseño, pero ¿y los libros? Quizás el aspecto más innovador venga ahora. BookBot es el nuevo integrante y mejor amigo de los estudiantes que asistan al espacio. Se trata de un sistema automatizado de almacenamiento y recuperación de los libros que permite el acceso a toda la colección de la biblioteca. Tiene una altura de más de 17 metros y capacidad para dos millones de ejemplares, de los que ocupa actualmente un millón y medio. Si el libro que buscas no está ahí, es difícil que esté en otro sitio.

Aquellos amantes de lo analógico y tradicional, no refunfuñéis todavía. En el cuarto piso, hay una sala que recupera el espíritu de las bibliotecas de siempre. Aquellas que te dan el placer de poder vagar entre libros, mirarlos y tocarlos. Y no son pocos, esta parte de la colección alberga 200.000 volúmenes.

Todo el espacio ahorrado en almacenamiento, lo han empleado en espacios de estudio y aprendizaje. Así, entre la segunda y la tercera planta se encuentra el Centro de Éxito Estudiantil, en el que se dan tutorías y clases de apoyo, las Academias de Estudio Loretta C. Duckworth, dedicadas a la fabricación digital y nuevas tecnologías y el departamento de prensa de la Universidad de Temple.

Por si fuera poco, en cada piso, hay portátiles, con sus espacios de carga correspondientes, disponibles para todo el mundo. Seguramente, nunca habrías imaginado sacar un ordenador como una chocolatina de una máquina expendedora. Con casi treinta años a la espalda, Snøhetta lo ha vuelto a hacer. Todo es posible en la Biblioteca Charles.

Fuente: traveler.es

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